
Perros
La llegada a casa de un nuevo cachorro es siempre un momento muy especial para todos y cada uno de los miembros de la familia. El recién llegado es un ser nuevo que hay que integrar en los hábitos de la familia ya formada, y poco a poco cada uno va encontrando el lugar que le corresponde. Es un momento muy tierno y feliz.

Ahora bien, las personas que adquieran un cachorro deben saber que no todo será color de rosas. Los cachorros son seres vivos con sus necesidades, sus temores. Cada uno debe poner de su parte, él y por supuesto tú, para que la etapa de transición y adaptación a su nuevo hogar se haga de forma suave y gradual, sin muchas tensiones y conflictos. Para ello, deberás ir enseñando a tu nueva mascota, poco a poco, y con mucha paciencia y cariño, qué es lo que esperas de él, cuáles son los comportamientos permitidos –y premiados- y cuáles no los son.
¿Qué es lo que nunca debo hacer a la hora de educar a mi cachorro?
· Esperar milagros: tu cachorro sólo se convertirá en un perro adulto fiable y equilibrado si tú te esfuerzas en ello, no esperes que aprenda las cosas que debe o no hacer por sí solo.
· Utilizar métodos crueles para enseñarle a cambiar su comportamiento: recuerda que él también tiene sus propios derechos como ser vivo y que comportarte de forma cruel hacia él te empequeñece como persona. Además, los resultados suelen ser negativos y/o contraproducentes.
· Apartar al perro del núcleo familiar en todo momento y de forma sistemática: si bien es cierto que hay lugares de la casa en los que es mejor que el perro no esté (como el dormitorio o la cocina, aunque dependerá de cada dueño)el cachorro que no pueda participar del “calor” familiar se convertirá en un perro adulto resentido y triste.
· No perder nunca la paciencia, por muy cansado o desanimado que estés: tu perro aprende también a través de la repetición, por lo que tu trabajo y voluntad no caen en saco roto si tu actitud es la adecuada.
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