| Fecha de creación: | 19/01/2009 | Número de colaboradores | 1 |
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Los perros son apreciados por su inteligencia. La inteligencia canina es la habilidad de un perro para aprender, para pensar y para resolver problemas. Los entrenadores de perros, los amos y los investigadores no se ponen de acuerdo en un método para probar la inteligencia canina tal y como existe para los humanos, a pesar de que la misma se evalúa tradicionalmente a través de la resolución de laberintos.
Ciertas razas, como "Border Collies" y "Golden Retrievers", son por lo común más fáciles de entrenar respecto a otras como los perros de caza y de trineo, aunque hay excepciones. Aún el perro más introvertido, distraído y flojo puede obedecer más fácilmente el entrenamiento que, por ejemplo, un gato. La habilidad de obedecer y aprender sin embargo no es la única medida de la inteligencia.
Por su naturaleza sociable entienden la estructura social y las obligaciones, y a menudo aprenden rápidamente cómo comportarse con otros miembros del grupo, ya sean perros o humanos. Los perros adultos modelan a sus cachorros mediante correcciones (auditivas o físicas) cuando no se comportan de la forma esperada y con premios si tiene comportamientos aceptables (jugando con ellos, alimentándolos, limpiándolos, etc.)
Son animales que tienden a usar guaridas en el momento del parto y al criar los cachorros, así que pueden aprender fácilmente comportamientos como mantener su lugar limpio y aceptar estar en un área cerrada como es el caso de una jaula temporal para transporte u otro lugar cerrado.
Algunas razas han sido continuamente seleccionadas a lo largo de cientos o miles de años por su capacidad de rápido aprendizaje, mientras que en otras razas, esta cualidad ha sido relegada en favor de otras características como son la habilidad de correr, perseguir, cazar o de pelear con otros animales.
Sin embargo, la capacidad de aprender obediencia básica -y eventualmente comportamientos complejos- es inherente en todos los perros. Los amos deben ser simplemente más pacientes con algunas razas que con otras.
Se podría ver la habilidad de aprender rápido como un signo de inteligencia, aunque también se podría afirmar que es un signo de servidumbre ciega y que la verdadera inteligencia de los perros está en razas tales como el huskie siberiano, que no está particularmente interesado en complacer a sus amos, pero si está fascinado con las innumerables posibilidades de escapar a los campos o de atrapar y matar pequeños animales.
Los perros guías deben aprender un número enorme de órdenes, entender cómo comportarse en una gran variedad de situaciones y reconocer riesgos o peligros a su compañero humano, frente a alguno de los cuales nunca se han enfrentado con anterioridad.
Algunas pruebas de inteligencia son la habilidad de reconocer un vocabulario extenso, otras pruebas tienen que ver con el deseo y la habilidad de responder a diversas situaciones.
Debe señalarse también en cuanto al comportamiento canino, que muchas de las conductas indeseadas, como actos violentos o malas costumbres, son la muestra de comportamientos desarrollados por razones tales como: falta de actividad (como puede ser caminatas o deportes caninos), ausencia de disciplina, entrenamiento o educación irresponsable por parte de los propios amos.
La verdad es que nunca comprenderé por qué nos obstinamos en transmitir a nuestras mascotas nuestros peores defectos. La humanización o mejor dicho la mejora de su calidad de vida no sólo es lícita sino deseable, queremos que vivan mejor, más cómodos, más alegres, más sanos pero… ¿más telecomunicados? La verdad es que siempre creo que una mala utilización de las tecnologías es tanto como su no utilización pero resulta que ha salido al mercado un dispositivo para que las mascotas puedan conectarse a las redes sociales, ¿tiene esto sentido? ¿puede un perro o un gato comunicarse con un igual a través del teléfono, la videoconferencia o un chat?, sinceramente: lo dudo. Y aún pudiendo, ¿para que le sirve comunicarlo si nadie le va a entender? ¿o creñeis que sí? Por favor, dadme vuestra opinión al respecto porque presiento que una conocida marca de juguetes va a vender miles de estos dispositivos …. Para nada. Aunque no descarto que mi desconocimiento en la materia sea el motivo de mi “ceguera selectiva”… ¿Qué opináis?

En primer lugar, quiero deciros que os echo muchísimo de menos. Espero que vosotros también estéis bien por allí lejotes…, ah, hacednos un favor: si en Tailandia véis algún gato siamés (que realmente, según el abuelito, allí lo son todos, je, je), dadle un sustillo de nuestra parte, aunque sólo sea un amaguillo de pisotón.
Los abuelitos Carmen y Juan se están portando conmigo como si realmente fuera un hijo suyo. Mi pedida de pata realmente supuso un antes y un después en mi relación con ellos. En especial con el abuelo Juan, que, aunque como sabéis, aparenta a veces cierta hosquedad, en el fondo es supermajo, y se comporta conmigo tratándome casi mejor que a Ogrito en cuanto a las cosillas que nos da de comer, los paseos, etc. Además, lo que le pasa es que es muy mimoso, como yo, y me hace muchas caricias y tal, y, cuando para de hacérmelas, yo le doy en la mano con mi hocico para que siga, porque sé que eso le encanta. La abuela, que también es divina y superdulce, en cambio eso de los mimos, (como los que también siempre me dá papi David), le va menos. (Parece un contrasentido que las chicas humanas seais menos aficionadas a los mimitos físicos).
El abuelo no sabe que yo le entiendo cuando habla, pero no hace más que decir que está encantado conmigo, que soy muy noble e inteligente, y que tengo unos instintos muy positivos. Como además cada vez Ogrito y yo estamos más compenetrados, también la abuelita Carmen está muy contenta conmigo. Lo de compenetrados, lo digo sólo desde el punto de vista emocional, ¿eh?, no penséis mal. Porque, además, Ogrito está madurando mucho en sus demostraciones de afecto y ya no usa tanto la pata que decidimos darle. En cambio, estamos mucho tiempo juntos, más que antes, y jugamos un montón, sobre todo al pilla-pilla y a las luchillas con revolcones. Últimamente hemos inventado una variedad de los revolcones, que consiste en que hacemos que nos peleamos, pero estando los dos tumbados tripita arriba, uno al lado del otro, pataleando, y nos dan unas risas…
Por cierto, sabéis que yo, para echarme la siesta, busco rinconcitos protegidos y bajitos, para sentirme mas a gustito. Pues el otro día se me ocurrió meterme entre la lavadora y dos paredes, en un rinconcito, con un taburete de madera delante, y luego no podía salir solito… Menos mal que los abuelos están siempre pendientes y haciendo “recuentos”, y en seguida se dieron cuenta. La verdad, cuando salí y ví aquel sitio, no entiendo como me pude meter allí…
Hoy es domingo y hemos desayunado churros que ha ido a comprar el abuelito, y luego hemos ido los cuatro a dar un paseote estupendo por una urba que es la que se ve desde el pueblo allá arribota cerca del monte. Y a la tarde dice el abu que vamos a ir a otro sitio estupendo, que es otra urba con unos jardines superchachi. Nosotros se lo agradecemos mucho porque los pises de aquí, del barrio, ya los tenemos muy vistos y rechupeteados, y por allí, hay muchísimos otros olores que, aunque son muy suavotes, raros y de los que le encanta a la abuelita, poco a poco nos vamos acostumbrando. (Ogrito dice que él tendrá ciertas inclinaciones, pero que le está mosqueando un poco mi sensibilidad, que le parece un tanto excesiva…). El abu nos lleva en coche hasta ésos sitios en los que se aparca muy bien, y elige zonas con pocas cuestas para que no nos agotemos, porque sigue haciendo un calor de aúpa.
La verdad es que Ogrito y yo, ahora que somos pareja, sentimos, y lo hemos comentado, que nos va a costar mucho separarnos.
Pero ayer tuvimos una idea estupenda, os cuento: Estábamos Ogrito y yo con la abu en la cocina. Sabéis que la abu Carmen para distraerse mientras llena y vacía el friegaplatos, (que lo hace muchísimo, casi tanto como poner lavadoras), le gusta oír la radio. Pues ayer, estaba oyendo algo que creo se llama “lakope” o algo así, y estaban hablando de algo que se llamaba “la custodia con partida”. Ogrito y yo pusimos mucha atención, porque vimos que era algún juego guay que habían inventado los curas que creo que son los dueños de la radio. El juego no era de curas, a pesar de lo de “la custodia”, sino que se trataba de que unos papás como vosotros y los abus, cuando tenían que irse a vivir a casas distintas, lo que hacían era que unos se llevaban a los niños unos días a casa de uno, y luego se iban otros días a casa del otro, y así los niños no se separaban nunca y eran mucho más felices.
Entonces, se nos ha ocurrido que, cuando volváis a casa, podríamos hacer lo mismo que lo que decían en la radio de los curitas: Cuando estemos en Madrid, Ogrito se podría venir a vivir a nuestra casa, y, cuando los abus se fueran a Nerja, nos íbamos con ellos allí.
Ya sé que a papi David eso no le gustará mucho, porque necesita estar conmigo el máximo posible, pero tal vez le compense disfrutar el doble cuando Ogrito esté en casa, compensando las temporadas que yo esté con los abus. También se le ocurre al abuelito Juan, aunque ha puesto cara de picaruelo cuando lo ha dicho, que, cuando yo no esté, le podéis pedir a Eli que os preste a la tía Uky para que papi no esté tan desprovisto de cariño.
En fin, chicos, ahora no penséis en ésas decisiones tan importantes, disfrutad, y tened mucho cuidado con los tifones y los bichos de por allí.
Un besito para los dos, y muchos recuerdos de Ogrito y de los abus.

Está claro que el amor no conoce fronteras... y esto va también para el reino animal.
Una pareja de pingüinos gay recibió un huevo para criarlo, después de que éste fue rechazado por sus padres biológicos. Ahora, 4 semanas después viven felices criando a su nuevo hijo adoptivo.
A saber que este zoo hizo noticia en el 2005, cuando puso a prueba la sexualidad en esta aves con rasgos homosexuales. Se formaron 3 parejas, las cuales trataban de aparearse entre ellos y anidar piedras en lugar de huevos.
El responsable del zoo dice que desde que nació el polluelo, la pareja de pingüinos de Humbolt (oriundo de Perú y Chile) se comporta tal como una pareja heterosexual... dos padres felices que pasan el día entero con su cría, protegiéndola, alimentándola y cuidándola.

Hemos escuchado de la convivencia entre perros y gatos, gatos y roedores, incluso que alguna mascota "adopte" a otro animal y lo cuide... pero qué pasa con los animales salvajes? ¿Podrían ellos convivir en paz con un mascota?
Pues parece que sí, al menos eso es lo que nos demuestra una familia en Alemania tras haber adoptado un jabalí salvaje. Lo encontraron abandonado y muerto de hambre, y ahora es el mejor amigo del Jack Russell de la familia... y lo que es más, Manni, el jabalí, está aprendiendo a ladrar.
La familia Dahlhaus lo encontró en un campo cerca de Ehringhausen, casi muerto de hambre; lo llevaron a casa, lo alimentaron, y cuidaron de él... y ahora se ha recuperado muy bien.
Por el momento no podría estar mejor, tiene una familia que cuida de él y un mejor amigo con quien juega todos los días... ¿quién dice que no existen los finales felices?